domingo, 11 de noviembre de 2018

LOS FALSOS DIOSES CAMPEAN POR LA TIERRA.


Este mundo ha ido mutando. Ha cambiado para peor, ya que el ser humano se ha llenado de falsos ídolos producto de dos cosas, su vacío existencial y su falta de fe en todo y todos.  El hombre teme al hombre y lo odia, por ello resulta tan difícil ser solidarios.
La solidaridad obliga, en todo momento, que uno acompañe al otro, pues no sólo es físico, sino una entrega emocional y de tiempo, pero eso conlleva suprimir el egoísmo y cualquier sentimiento negativo que te cause el otro. 
La principal deidad de estos tiempos convulsos es el dinero. El dinero per se no es malo. Ayuda a resolver miles de problemas, pero deviene en un cáncer cuando se le coloca como centro de la vida de las personas. Los envilece, los llena de ansiedad por querer tener más y los aterroriza ante el escenario de ser pobres, ya que socialmente se discriminan a los que menos tienen, negándole el acceso a empleos y servicios básicos.
Esta deidad va de la mano con el egoísmo. Usted es importante en cuanto es parte del plan de Dios y se entregue a Él. Pero si cree que su vida debe girar en torno a usted y que lo único que vale es usted, está muy equivocado, ya que por este camino termina con un vacío existencial terrible que puede conducirlo a la depresión y al suicidio.
Por estas y otras deidades, el hombre construye sociedades donde legalmente todos somos iguales, pero en la realidad eso deviene en utopía, ya que un 5% de los habitantes del mundo tiene acceso al 95% de todos los recursos, mientras que el resto del mundo, ese abrumador 95% debe subsistir con ese 5% que queda, quedando excluidos de todo.
Pero hay posibilidades de cambio. Muchos se han arrepentido y han buscado su salvación ante el manto benefactor y misericordioso de la Iglesia, buscando seguir a Cristo. Y tratan de ser sal de la tierra y luz del mundo, llevando de a poco un cambio de conciencia, buscando la verdadera dignidad  del hombre, que es el entregarse a los demás por medio del servicio desinteresado y el amor a nuestros prójimos. 
Mucho nos cuesta entender esto, pero recordemos que el prójimo es el que está más próximo y puede ser aquel con quien menos nos llevemos o aguantemos, pero debemos ayudarle o al menos no obstruirle en su propio caminar. Y otra cosa a recordar es que la fe es importante, pero sin obras es vacuo, y estamos obligados a asistir a nuestros compañeros más desafortunados y ayudarlos a mejorar sus condiciones de vida.

Facta non Verba


Hace ya muchos años murió mi abuelo por parte de padre. No le conocí. Murió relativamente joven (46 años) víctima del tabaquismo y del estrés provocado por el trabajo y una vida llena de sacrificios y esfuerzos de todo tipo. Hace cosa de unos 5 ó 6 años , estaba yo viendo unas tarjas del Club Naco donde estaba el nombre de mi abuelo, y un señor se me acercó, e inmediatamente me preguntó que si era familiar de Néstor Julio Saviñón.  Yo me puse “chivo” en un primer momento, él se rió y me dijo, hijo, tranquilo. Conocí a tu abuelo. Cuando era niño, era de los pocos que me hacía caso y me saludaba con afecto.  De más está decir que le di las gracias con el pecho henchido de orgullo.
El padrastro de mi papá fue mi abuelito querido. Un hombre noble, cariñoso, dulce, que hizo suyos los nietos de su esposa. Él tenía una casa en Jarabacoa, y a los tres o cuatro años de su muerte, yo caminaba cerca de la propiedad, que se había vendido hace unos años, y un señor en una camioneta se me acerca. Me pregunta si conocí esa casa. Le expliqué que si, y se me queda mirando aguantándose la risa. No te acuerdas de mi. Sé que no. Yo era de los que les llevaba caballos. Mi familia era pobrecita, y aunque ustedes no montaran, el nos mandaba a buscar a que trajéramos los caballos y nos pagaba y nos ayudó a “matar” el hambre muchas veces. Nos dolió mucho su muerte. Ojalá tu seas la mitad de hombre de bien que él era. De más está decir que me emocionó vivamente.
Mi otro abuelo sigue vivo. No es muy cálido, pero ha ido sembrando de a poco. Ayudó a todo el que pudo. Y un día, yo hablando con uno de sus hermanos, que es un destacado médico, veo que se le aguan los ojos y me cuenta todas las ayudas que recibió de mi abuelo.
En la Divina Comedia, Dante Alighieri pasea por el Purgatorio con Beatrice, la mujer que siempre admiró y que nunca lo quiso en la vida real, y le pregunta cómo uno puede evitar tanto dolor como vio en el infierno. Ella, mujer bella como son todas las mujeres, le guiña el ojo y le dice, facta non verba, caro mio, es decir, hechos, no palabras, querido mío.
No soy de contar anécdotas personales. En muy pocos artículos habré hecho uso de ese recurso. Pero en este caso, quise hacerlo, ya que sirve de ejemplo para lo que deseo manifestar. Todos los que somos abuelos, tíos, padres, padrinos o cualquier función de autoridad, tenemos un ministerio cuasi sagrado, que es de guiar con el ejemplo a las nuevas generaciones. Que cuando se acabe nuestro turno en la Tierra, se nos recuerde con admiración y afecto, y que nuestros parientes esbocen una sonrisa al hablar de nosotros.
Tratemos, en una breve expresión, de inspirar con el ejemplo, porque con eso construiremos una mejor sociedad paso a paso.

La gastronomía: cultura, historia y sabor en cada bocado.


Todos tenemos un plato favorito. Una comida que de sólo pensar en ella se nos hace agua la boca y nos trae recuerdos maravillosos. Pero, sin querer, menospreciamos a esa comida y pensamos que sólo es un alimento sabroso y punto.
Cada plato que comemos, sin importar donde vivamos, es objeto de una evolución donde los habitantes fueron adaptándose al medio y aprovechando los frutos que daba en cada estación. Y muchos elementos se han incorporado por mero accidente, sea que se fermentaron, o cayeron en una olla, o porque alguien decidió probar a ver si servía para algo tal o cual planta o yerba o raíz o su hoja.
Los egipcios y los mesopotámicos nos introdujeron al consumo de cereales, pan y cerveza. Los griegos nos dieron aceite de oliva, vino y aceitunas, con quesos frescos. Los romanos conocían el romero y tomillo, pero para ellos era maleza que crecía en las costas de España. Fueron los visigodos o los árabes quienes lentamente empezaron a usar esas especias que le dan a la comida española ese sabor tan especial junto al aceite de oliva, el ajo y el azafrán.
Los chinos aprendieron a saltear, estofar, cocinar al vapor y mezclar sabores en una evolución de miles de años. Los japoneses crearon obras de arte mediante la manipulación del pescado, la soya y el arroz.
Casi todos los postres “españoles” no surgieron en España. Son hijos de postres árabes y turcos que evolucionaron para adaptarse al paladar andalusí y luego español. El turrón, el alfajor, el milhojas, los polvorones, son herencias árabes.
En las américas, el conquistador y los habitantes que fueron poblando esos dominios, tuvieron que adaptar su paladar a nuevas especies: maíz, papa, yuca, chile, bija, chocolate. Todos esos ingredientes se mixturaron con elementos traídos de Europa y de África y crearon platos exquisitos: el mole, los burritos y chilaquiles, los tamales, las arepas, los pabellones, el ceviche, los asados con piel, el locro y el chocro, el sancocho, la ropa vieja y los cocidos.
La gastronomía, en general, es un juego de colores, sabores, olores, formas, que se mezclan armoniosamente, manipulando vegetales, carnes, quesos, especias, dulces, sazones y todo aquello que la naturaleza puede otorgarnos, y es uno de los gestos más nobles que se pueden hacer con otra persona. Cuando mezclas ingredientes y creas ese platillo especial para alguien, ese alguien, en ese momento, es feliz. Se retrotraen al recuerdo de un abuelo o abuela especial, un lugar donde vivieron experiencias significativas, un amor no olvidado, en fin, a algún hecho que los hace disfrutar y sentirse plenos.
Y el cocinar requiere saber combinar sabores colores y texturas, tener corazón, olfato y tratar de disfrutar el mágico proceso de crear delicias, sean dulces, saladas, picantes, agripicantes, agridulces, postres, asados, caldos, ensaladas. Y es que el cielo es el límite.

Sobre el derecho a la defensa.


Todo ser humano debe ser escuchado y debe permitírsele probar su inocencia. En nuestro derecho, la inocencia es nuestro principio rector. Esto lo que implica es que salvo una condena definitiva que guarde las reglas mínimas de la legítima defensa (ser escuchado por un juez imparcial que pondere pruebas de absolución y condena sin prejuicios) debe presumirse que esa persona no cometió ningún acto ilícito, antijurídico y culpable o por su omisión permitió que otros lo cometiesen.
Muchas personas, incluyendo abogados, creen que el derecho a la defensa es un asunto que sólo se manifiesta en el área penal, y los más liberales lo llevan, con cortapisas, al terreno del derecho civil y derecho laboral. Nada más alejado de la realidad. En toda actividad humana donde se tenga que juzgar a otra persona se debe aplicar este derecho fundamental.
Un sector donde se violenta mucho eso es en materia disciplinaria. Se supone que, si va a amonestar o despedir un empleado, sea por la causal que sea, debe ser por causas comprobadas y luego de escuchar al empleado y verificar si la acusación corresponde.
Pero sabemos que no es así, y no sólo eso, sino que hacen actas o sentencias donde condenan al empleado y lo pintan de la peor forma, rayando muchas veces en la difamación e injuria contra ese ciudadano.  Y en muchos casos, el empleado, que es la parte más débil de este proceso, no tienen los medios económicos para demandar al empleador por esas prácticas desleales y hostiles, siendo ineficaces, por ende, los mecanismos judiciales.
El Estado, que debe ser garante de los derechos de los ciudadanos, muchas veces conculca los mismos. Por ello, me alegro al ver, que lentamente, los dominicanos estamos aprendiendo a exigir nuestros derechos con el fin de llevar al Estado a su legalidad.
Deseo que eventualmente se llegue a una cultura de respeto de los derechos fundamentales, no por represión, sino por el convencimiento de que la mejor y única dictadura que nos debe regir es la de las leyes, ya que estas son las garantes de la convivencia pacífica y civilizada en toda nación que se repute civilizada.


bobadilla el desconocido

Prefacio Me ha pedido usted que le cuente sobre mi vida, la cual ha sido agitada y larga. Le complazco por que así podremos hablar de lo que...