domingo, 4 de marzo de 2012

Buenos Aires: Una Remenbranza

Llegué a la Capital de la Argentina en Marzo de 2007, en pleno otoñol austral, donde vi las hojas dorarse y confundirse con los colores ocres que como barniz aplican nuestros artesanos a las maderas.
Me fascinó la dicotomía de la gran ciudad: barrios populares  donde cualquier malevo puede brindarte un matecito cebado y, quizá, si tiene con qué, brindar una facturita deliciosa que matiza con su dulzor el amargo terreo pero delicioso de un buen mate con palo. O que decir de los barrios al norte de la ciudad, Palermo, con su noche iluminada de estrellas y floral , Recoleta, pícara y coqueta cual niña de quince, llena de actividad, Barrio Norte, elitista, bello, cual tacita de porcelana.
Recuerdo un amanecer bello en la Rafael Obligado, cerca del Aeroparque Jorge Newberry, donde el Río de la Plata se tiñe de colores borgoñas y carmesí,  en complicidad a una luna que brillaba a lo alto, deleitándose, igual que nosotros del tapiz marino que nos obsequiaba la naturaleza.
Recuerdo el impacto emocional que tuvo el irme allá, a una ciudad tan distinta a mi Santo Domingo, pero  la experiencia no sólo fue fructífera. Fue una bendición. Conocí miles de cosas que las da la cátedra de la vida.  Aprendí a creer y a ver en cada día una bendición, a ver en cada día una aventura, y a contentarme sabiéndome feliz, con mi diario, mi matecito sobado con limón y miel  y con muchos amigos, que el destino, llevándonos de puntos diversos del mundo, nos reunió y hermanó en la Capital del Plata.
Aprendí de la dignidad del pueblo argentino, y cómo habían podido superarse una y otra vez, a pesar de obstáculos infranqueables. Conocí que la historia de los pueblos es un mecanismo ideal para conocer su idiosincrasia, ya que nos presenta  sus metas y nos da ejemplos aleccionadores, ya que es cíclica.
Conocí lo que era sentir orgullo patrio y como ese sentimiento podía sobrecoger en admiración a todo un continente con Los Pumas  y su participación en el campeonato de Rugby de 2007. Recuerdo como se notaba una electricidad en las calles y como  se notaba una esperanza cuando  Contepomi  anotaba un try, así como la desolación sentida por todos sus habitantes cuando perdieron en semifinales.
Aprendí que el frio ambiental es atroz, pero no es nada con el frio del alma, ya que este emponzoña todo lo que le rodea y deviene en un atraso espiritual. Reconocí que un pueblo agradecido es un pueblo que es capaz de todo  , y por eso , me solazaba viendo las estatuas de Belgrano, Roca, San Martín.
Buenos Aires es una gran ciudad, pero lo que la hace rica, única e irrepetible  son su mayor riqueza: Sus habitantes.

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