viernes, 9 de marzo de 2012

Disquisiciones de un día nublado

Hoy es un día nublado. Frío, lluvioso, pero mágico. No sé por qué, pero evoca en mi miles de recuerdos. De mi infancia el ir a la montaña, darle de comer a animales, en el extranjero caminando en callejuelas empedradas bebiendo mate y disfrutando de la soledad, y, en el proceso, de mi compañía. Dicen que uno envejece cuando comienza a hablar en pasado, pero creo que uno es meramente un acumulo grandioso de recuerdos y experiencias que van dando forma a todo lo que uno es. Al final, lo que nos queda son los recuerdos de aquello vivido, gozado, amado, sufrido, y, en todo, podemos nuestra huella. Creo que el hombre, vil mortal, tiene vocación a eternidad, ya que mientras permanezca alguien que diga tu nombre y recuerde tus hechos, vivirás para esa persona y para quienes lo comente. Añoro volver y hacer ciertas cosa, pero sé, que si cambiare mi decisión, quizá alterase mi designio vital. Y por ello, aunque a regañadientes, defiendo la mayor parte de lo que he hecho, y trato de enmendar lo malo. Somos piedras que nos van torneando para formar parte de ese gran templo del cielo, y ese Arquitecto Grandioso, que es Dios, es el que sabe nuestra función, y nos prepara para ello, y es nuestro deber perfeccionarnos, y amar y servir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

bobadilla el desconocido

Prefacio Me ha pedido usted que le cuente sobre mi vida, la cual ha sido agitada y larga. Le complazco por que así podremos hablar de lo que...