Jorge Luis Borges, en su Historia de la eternidad, un relato denso pero interesante, expone la relatividad del tiempo. Hay culturas donde no existe el mañana, ya que esta es vaga y pronto devendrá en presente y pasado.
Hay otras que niegan el presente, ya que dicen que todo o pasará o pasó, lo cual demuestra la ductilidad del tiempo.
Hay filósofos que han señalado la falta de realidad de tiempo, ya que dicen que cuando una flecha se dispara, si vamos dividiendo en dos el metraje a recorrer por segundo, nunca termina de llegar, ya que llegará un punto en que el avance de la misma será milimétrico.
Desde los albores de la humanidad, el hombre ha usado medidas para determinar las horas de trabajo, horas de sueño y demás, pero incluso estas fórmulas varían de civilización en civilización, ya que usted puede tener un calendario lunar o solar, o regirse por el calendario gregoriano o juliano. El tiempo ha envuelto los grandes debates de la humanidad.
Los 7 días de la creación bíblica han dado paso a miles de millones de años en los que la materia cobró forma y vida.
El tiempo permitió que dos teorías en principio opuestas a muerte, como son el evolucionismo y el creacionismo se hermanen en un incesto intelectual que fascina y seduce.
La ciencia, y esto se ha visto con el pasar de los años, ha reconocido que algo más digno que nosotros creó todo lo visible y lo invisible, y ahí no niega a Dios, al contrario, lo reafirma y le da su justo lugar como gran arquitecto de todo o Pantocrator, Señor creador de todas las cosas.
El tiempo incluso varía según la latitud. Mientras más al Norte vas, los días se hacen más cortos, ya que la noche se enseñorea con esos territorios hasta por 8 meses, donde muchas veces la única fuente de luz es la aurora boreal, que repite sus diseños mágicos noche tras noche, y como maga consumada, seduciendo noche tras noche a su público cautivo.
Lo mismo sucede cuando usted hace ese mismo recorrido al Sur profundo, a ver la aurora austral.
O el cambio de hemisferio: si es del hemisferio norte, usted recibe la nieve entre noviembre y diciembre, pero si es en el sur es en junio o julio, usted no asocia navidades con verano por ser del hemisferio norte, pero en países como Australia, Argentina, Chile, Nueva Zelanda, etc., la población emigra masivamente a los puntos de veraneo y se asolea aprovechando el calor benéfico del sol.
El tiempo, per se, es una construcción filosófica, social y dúctil, que cambiará según las eras y los lugares.
Hay otras que niegan el presente, ya que dicen que todo o pasará o pasó, lo cual demuestra la ductilidad del tiempo.
Hay filósofos que han señalado la falta de realidad de tiempo, ya que dicen que cuando una flecha se dispara, si vamos dividiendo en dos el metraje a recorrer por segundo, nunca termina de llegar, ya que llegará un punto en que el avance de la misma será milimétrico.
Desde los albores de la humanidad, el hombre ha usado medidas para determinar las horas de trabajo, horas de sueño y demás, pero incluso estas fórmulas varían de civilización en civilización, ya que usted puede tener un calendario lunar o solar, o regirse por el calendario gregoriano o juliano. El tiempo ha envuelto los grandes debates de la humanidad.
Los 7 días de la creación bíblica han dado paso a miles de millones de años en los que la materia cobró forma y vida.
El tiempo permitió que dos teorías en principio opuestas a muerte, como son el evolucionismo y el creacionismo se hermanen en un incesto intelectual que fascina y seduce.
La ciencia, y esto se ha visto con el pasar de los años, ha reconocido que algo más digno que nosotros creó todo lo visible y lo invisible, y ahí no niega a Dios, al contrario, lo reafirma y le da su justo lugar como gran arquitecto de todo o Pantocrator, Señor creador de todas las cosas.
El tiempo incluso varía según la latitud. Mientras más al Norte vas, los días se hacen más cortos, ya que la noche se enseñorea con esos territorios hasta por 8 meses, donde muchas veces la única fuente de luz es la aurora boreal, que repite sus diseños mágicos noche tras noche, y como maga consumada, seduciendo noche tras noche a su público cautivo.
Lo mismo sucede cuando usted hace ese mismo recorrido al Sur profundo, a ver la aurora austral.
O el cambio de hemisferio: si es del hemisferio norte, usted recibe la nieve entre noviembre y diciembre, pero si es en el sur es en junio o julio, usted no asocia navidades con verano por ser del hemisferio norte, pero en países como Australia, Argentina, Chile, Nueva Zelanda, etc., la población emigra masivamente a los puntos de veraneo y se asolea aprovechando el calor benéfico del sol.
El tiempo, per se, es una construcción filosófica, social y dúctil, que cambiará según las eras y los lugares.
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