El Imperio Romano nos marcó en
muchos aspectos. Esta vez, deseo citar un caso anecdótico, que nos mostrará
cómo un hijo mal criado puede destruir a un estado, por poderoso que sea.
Tras las locuras de casi todos
los doce primeros césares, aquellos que Suetonio describe et corpore et anima
(de cuerpo y alma), llegaron una serie de grandes emperadores: Trajano
(español), Adriano (español), Antonino Pío (italiano) y Marco Aurelio (italiano).
Este último, quizá el único gobernante filósofo de la historia, casó con una
mujer que él adoraba aunque ella lo despreciaba y acumulaba todos los méritos a
una mala esposa.
Tuvieron dos hijos, a los cuales
él amó y consintió con todas sus fuerzas, que lo ninguneaban: su hija era una
prostituta de la alta nobleza romana y su hijo, su debilidad, era un muchacho
al que le proveyeron todos los grandes tutores y sabios como profesores, pero,
cuando un espíritu es ruin, no importa las facilidades que se le den, no las
aprovechará.
Ese hijo, maleado por el dinero,
el poder y la juventud sin instrucción, se fue reuniendo con jóvenes igual de
vanos y pasaba su tiempo en ociosidades sin provecho. Su padre lo invita a una
campaña militar, y él, ya de una edad avanzada, enfermó y murió.
Ya había nombrado años antes a
ese hijo como heredero, y había tenido tiempo para aquilatar y sufrir esas debilidades, esa mezquindad, ese espíritu tan
miserable, pero pudo más su amor de padre que otra cosa. Ello causaría grandes
daños al Imperio.
Lo primero, es que por su propia
naturaleza, que mezclaba miedo y crueldad, empezó a fomentar espías, y todo
aquel que emitiese una opinión en contra de su emperador era asesinado y
torturado.
Luego, le cogió en ser el primer
actor de la nación y luego el primer luchador de la lucha grecorromana, todo
ello pagado con dinero público. Finalmente, su propio circulo de conocidos,
hartos de tanta sangre, lo asesina.
¿Cuántos Cómodos no conocemos?.
¿Cuántos jóvenes caprichosos no han destruido fortunas, familias, vidas y
terminan de manera lamentable?. Lamentablemente, mientras sigamos malcriando a
nuestros hijos, dándoles más de lo que merecen, seguiremos creando monstruos
que causarán grandes dolores a esta sociedad.
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