Hay dos frases que pueden servir
de resumen a este escrito: 1. Del ridículo nadie vuelve y 2. Lo importante no
es cómo se inicia sino como se termina.
Desde hace años, un connotado
programa radial emplea los servicios de un ególatra pedante autodenominado LA
ENCICLOPEDIA HUMANA. Este caballero usa los términos soeces para catalogar a
todo aquel oyente que le lleva la contraria a cualquiera de sus pontificaciones,
las cuales deben ser acatadas como palabra sagrada.
Hace aproximadamente una semana,
cometió un error que lo estigmatizará aún más de lo que ya está. En una
participación en dicho programa, se refirió al patricio Juan Pablo Duarte como
pendejo, homosexual, histérico y que no merece el procerato. Estos argumentos,
falaces al revisar las fuentes históricas, provocó una fortísima reacción
social de muchos sectores de la vida nacional condenando este exabrupto
difamador.
Personalidades de la categoría de
Juan Daniel Balcacer, quizá el mayor y mejor biógrafo de Duarte, José Joaquín
Pérez Saviñón, quien es el Presidente del Instituto Duartiano, condenaron esa
desafortunada actitud, y el segundo incoó un proceso por difamación e injuria
contra el locutor.
Posteriormente, el organismo del
estado encargado del control de las radioemisiones lo suspendió por 20 días,
iniciando el 11 de octubre, pero este señor, mostrando un gran desprecio por la
autoridad y la sociedad, fue a la emisora y retó a todos diciendo que se hacía
eso en todos los que según él lo querían dañar.
Ese señor lleva 50 años en los
medios de comunicación, primero en la prensa escrita y luego en la radio, y se
ha convertido en una caricatura grotesca de su primera etapa. Ya habían atisbos
de su amoralidad en algunas prácticas que tenía, especialmente al acoso a las
mujeres y su pedantería, pero tenía cierta aura de respeto, que fue perdiendo
progresivamente. Hoy, ese capital social es 0. Creo que muy pocos escuchan su
programa por admiración, sino por morbo, ya que no se sabe con quien trapeará
el piso, o a quien fusilará o mas dudoso, a quien alabará desmedidamente.
Ojalá este sea el inicio del fin
de la radio basura y fomentemos una radio que sea motivo de orgullo, con
locutores inteligentes, corteses y que sean ejemplo de ética. Eso sería la
mejor ganancia ante este incidente.
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