Tras muchos años, he vuelto a
releer, esta vez con aire crítico, El Quijote.
Creo que todos conocemos la historia principal, ya que es el segundo
libro más leído y traducido de la historia después de la Biblia: Un hidalgo castellano,
adicto a los libros de caballería pierde el entendimiento y se cree caballero,
y empiezan una serie de aventuras y desventuras acompañado del fiel Sancho
Panza, su sufrido escudero.
Pero hay otras lecturas. El
Quijote sirve para muchas cosas. Hay referencias culinarias, geográficas, medicinales,
jurídicas, económicas, que van matizando toda la obra. Y grandes lecciones y
mensajes subliminales envueltos en la trama de la obra.
Lo primero, el Quijote es un
informe psicológico genial donde se presenta el caso del paciente Alonso
Quijano, aquejado de demencia senil y quizá esquizofrenia, y los tratamientos a
los que se le exponía en el siglo XVI.
Segundo, nos insiste en virtudes,
en soñar en metas y en no cejar esfuerzos hasta alcanzarlas.
Tercero: Las cosas son de acuerdo
a como las miremos. Para el Ingenioso Hidalgo, realmente el deshacía entuertos
y combatió gigantes en lugar de molinos de viento, y para él, Aldonza, la
pueblerina pobre de Toboso, era la hermosísima Dulcinea del Toboso, señora de toda
la comarca.
Cuarto: Nos presenta un compendio
de la obra Cervantina, ya que inserta muchas de sus Novelas Ejemplares en el
texto del Quijote.
Quinto: En la segunda parte, El
Quijote le da consejos a Sancho, recién electo gobernador de la ínsula de Barataria,
llenos de humanidad: sé justo, sé humilde, trata a todos con la misma vara, que
la razón te guíe, que aún hoy son deseos de la humanidad en su conjunto.
Sexto: Uno puede estudiar a
Cervantes empezando por El Quijote, ya que muchos aspectos de su vida (militar,
colector de impuestos, preso), se manifiestan en personajes principales y
secundarios, así como la educación escolástica que recibió, haciendo uso de
máximas de Sócrates, Platón, de oradores romanos y otras del día a día, muchas
de las cuales aún perviven.
Otro detalle, es que no podemos
negarnos a nosotros mismos. Todos
tenemos un destino ineludible, y éste siempre va a nuestro encuentro. Cuando
Alonso Quijano empieza a ⅘tt los estertores de la muerte, deja de ser
Quijote en cierta forma. Esto nos manifiesta algo que sabemos: Sólo al morir
dejamos de ser.
Recomiendo su lectura. Es un
libro complejo y puede ser cansón, pero es enriquecedor y nos permite una
ventana a La Mancha, al Reino de España y a todos nosotros, ya que todos
tenemos un Quijote, algo irracional que nos lleva a las estrellas o al abismo,
y un Sancho que nos controla y hace que reduzcamos los riesgos, que vayamos por
lo seguro.
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