martes, 25 de diciembre de 2018

quijote


Tras muchos años, he vuelto a releer, esta vez con aire crítico, El Quijote.  Creo que todos conocemos la historia principal, ya que es el segundo libro más leído y traducido de la historia después de la Biblia: Un hidalgo castellano, adicto a los libros de caballería pierde el entendimiento y se cree caballero, y empiezan una serie de aventuras y desventuras acompañado del fiel Sancho Panza, su sufrido escudero.
Pero hay otras lecturas. El Quijote sirve para muchas cosas. Hay referencias culinarias, geográficas, medicinales, jurídicas, económicas, que van matizando toda la obra. Y grandes lecciones y mensajes subliminales envueltos en la trama de la obra.
Lo primero, el Quijote es un informe psicológico genial donde se presenta el caso del paciente Alonso Quijano, aquejado de demencia senil y quizá esquizofrenia, y los tratamientos a los que se le exponía en el siglo XVI.
Segundo, nos insiste en virtudes, en soñar en metas y en no cejar esfuerzos hasta alcanzarlas.
Tercero: Las cosas son de acuerdo a como las miremos. Para el Ingenioso Hidalgo, realmente el deshacía entuertos y combatió gigantes en lugar de molinos de viento, y para él, Aldonza, la pueblerina pobre de Toboso, era la hermosísima Dulcinea del Toboso, señora de toda la comarca.
Cuarto: Nos presenta un compendio de la obra Cervantina, ya que inserta muchas de sus Novelas Ejemplares en el texto del Quijote.
Quinto: En la segunda parte, El Quijote le da consejos a Sancho, recién electo gobernador de la ínsula de Barataria, llenos de humanidad: sé justo, sé humilde, trata a todos con la misma vara, que la razón te guíe, que aún hoy son deseos de la humanidad en su conjunto.
Sexto: Uno puede estudiar a Cervantes empezando por El Quijote, ya que muchos aspectos de su vida (militar, colector de impuestos, preso), se manifiestan en personajes principales y secundarios, así como la educación escolástica que recibió, haciendo uso de máximas de Sócrates, Platón, de oradores romanos y otras del día a día, muchas de las cuales aún perviven.
Otro detalle, es que no podemos negarnos a nosotros mismos.  Todos tenemos un destino ineludible, y éste siempre va a nuestro encuentro. Cuando Alonso Quijano empieza a ⅘tt los estertores de la muerte, deja de ser Quijote en cierta forma. Esto nos manifiesta algo que sabemos: Sólo al morir dejamos de ser.
Recomiendo su lectura. Es un libro complejo y puede ser cansón, pero es enriquecedor y nos permite una ventana a La Mancha, al Reino de España y a todos nosotros, ya que todos tenemos un Quijote, algo irracional que nos lleva a las estrellas o al abismo, y un Sancho que nos controla y hace que reduzcamos los riesgos, que vayamos por lo seguro.

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